A principios de la primavera, fui a acampar con mi novia en un parque estatal. Estábamos caminando por una senda en el bosque y pensé sobre los humanos y nuestra tendencia a construir senderos, caminos, carreteras, puentes, ferrocarriles, etc. Construimos vías para que nuestros viajes sean un poco más placenteros, conectando unos con otros y al resto del mundo. Un camino bien construido puede hacer la diferencia entre la vida o la muerte.
Los primeros caminos que usamos los humanos no fueron construidos por nosotros, sino por los animales que cazábamos, y luego domesticamos. Sus patrones migratorios dejaban marcas en la tierra, las cuales seguimos para sobrevivir por siglos. Gracias al desarrollo de la agricultura, la vida nómada fue dejada atrás, dando fruto a asentamientos más permanentes. La necesidad de transportar cosechas y otros bienes nos llevó a construir caminos más amplios, conectando culturas y facilitando el intercambio de ideas, recursos y conocimiento. Nuestro llamado a crear caminos, andar por ellos, mejorarlos, es tan parte de la naturaleza como los primeros caminos creados por los animales de ganado.
Nací en Cuba a una familia Bautista. Todos alrededor mío creían que la Biblia era la palabra del único creador y árbitro del universo. Naturalmente, yo compartía esta creencia. En parte porque era la única realidad que conocía, y también porque todas las personas en las que confiaba y admiraba creían esto con certeza. Mi religión era parte de mi identidad y desde pequeño decidí entregar mi vida a Dios. Pero vivir y crecer como cristiano no es nada fácil. Constantemente sentía culpa, preguntándome si estaba siendo el mejor cristiano que podía ser, y estaba plagado de dudas al preguntarme si estaba siguiendo las instrucciones de Dios correctamente. Leer la biblia y orar eran partes de mi rutina diaria. Quería guardar los dichos de la biblia en mi corazón, para no pecar contra Dios. Pero la biblia es un libro difícil de leer y analizar; más aún para un niño que piensa que todo lo que está escrito fue narrado por el ser más supremo.
“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.”
Palabras que todo cristiano encontrará en su vida, sirviendo de aliento cuando confiamos que estamos en el camino angosto, y también de advertencia cuando pensamos que nos estamos desviando de él. Pero saber si estás en el camino correcto no es tan simple como parece. Con miles denominaciones de cristianos en el mundo, y desacuerdo hasta entre miembros de la misma iglesia, ¿cómo podemos saber si interpretamos la Biblia correctamente?
El miedo a no estar en la senda correcta me inspiró a estudiar la biblia más y más. Pero mientras más estudiaba, más me confundía. Muchos versos estaban en desacuerdo y muchas leyes o historias en la biblia no parecían morales. Una interpretación incorrecta de la Biblia puede causar sufrimiento a otras personas, o a uno mismo. Los ejemplos son incontables, como también son las justificaciones para ellos.
Una de las justificaciones más comunes es que no necesitamos obedecer las leyes del antiguo testamento. Este argumento crea más problemas de los que arregla. Yo creía que Dios era el autor de los valores morales, y que leyendo la Biblia y meditando sobre ella, podíamos aprender cuáles eran. ¿Si esos valores eran perfectos, por qué cambiarlos o ignorarlos? Y si necesitaban ser cambiados o ignorados, hay que reconocer que no eran perfectos. No podía creer que un dios perfecto se hubiera comportado de una manera imperfecta o inmoral por cientos de años, causando confusión hasta el día de hoy.
Como muchos cristianos, prestaba mucha más atención al nuevo testamento, y al personaje de Jesucristo. Mucho más amable, y menos estricto que su padre en el antiguo testamento. Su mensaje extendía la salvación a todo el que creyera en él como su señor y salvador. No eran nuestras acciones las que nos salvaban, si no la gracia de Dios si tenemos una relación con Jesús. Esto complicaba las cosas mucho más:
¿Si la salvación es por fe, y no por obras, cuál es el punto de la moralidad? Puedes vivir una vida inmoral haciéndole daño a las personas a tu alrededor y ser salvado simplemente porque crees en Cristo. Y a la vez puedes vivir una vida completamente moral, ayudando a miles, y mereces ser torturado por la eternidad simplemente porque no crees que hace dos mil años el hijo de Dios murió por tus pecados en una cruz y resucitó al tercer día para que tengas vida eterna con él en el cielo.
La eternidad es un concepto difícil de comprender, a diferencia del dolor. Todo animal con sistema nervioso tiene la capacidad de sentir dolor. Todo cristiano tiene que enfrentarse ante la idea del castigo y dolor eterno; su alma ardiendo en fuego por la eternidad. Esta imagen es implantada en la cabeza de millones de adultos y niños por el mundo todos los días. Es fácil especular o imaginar el dolor que experimentaría un alma en el infierno, nadie quisiera sentir esa experiencia por un par de segundos, así que no hace falta pensar sobre el concepto de la eternidad para entender la severidad. Este castigo es muy cruel, especialmente si la salvación es por la fé en Jesucristo. Un castigo infinito por crímenes finitos no parecía justo. Nacer en el lugar o tiempo equivocado podría causar tortura eterna. “¿Cuántas millones de personas han vivido a través de la historia sin haber conocido nada sobre las historias de la Biblia? Qué suerte que nací en la familia correcta, y en el momento adecuado.” -pensé en el momento.
Me preocupaba por mis amigos que no eran cristianos. No quería que pasaran por ese dolor del que constantemente les prediqué. Varios me hicieron caso por un tiempo, pero los más escépticos no fueron convencidos. Aun ellos que consideraba cabeza dura no podía creer que merecían ser torturados por la eternidad simplemente por no creer. Muchos de mis amigos que no compartían mi fe eran más amables y llenos de amor que miembros de mi propia iglesia. Con esos miembros pensaba compartir yo la eternidad, aunque a muchos a penas los soportaba por par de minutos un día a la semana. Llegó un momento que la idea del cielo me causaba tanta ansiedad como la idea del infierno. ¿Qué iba a hacer por toda la eternidad?¿Sentiría tristeza por mis amigos y familiares que estaban siendo torturados cuando yo estaba disfrutando del paraíso?¿Si en el cielo no puedo pecar o sentir tristeza o otras emociones “negativas,” sería yo todavía?¿Tendría libre albedrío si no tengo control total sobre mis pensamientos o acciones?
Estaba cuestionando muchas creencias fundamentales que tenía desde niño, y temía perder mi camino. Pero el camino es estrecho, difícil de encontrar y navegar. Cualquier paso mal dado te puede llevar a la completa perdición. Por mucho tiempo tenía un sentido de orgullo en seguir en el camino aunque fuese bien estrecho, y me aferré a mi fe. Pero empecé a resentir el camino, y a su supuesto creador. Si Dios quiere que todos se salven ¿Por qué hacer el camino hacia él tan complicado?¿Por qué crear un universo en el que la mayoría de las almas son torturadas por la eternidad?¿Si Dios ama a todo el mundo, y quiere tener una relación personal con todos nosotros por qué hacer el camino angosto, confuso y difícil de encontrar? ¿Por qué Dios no se presenta a todos los grupos de humanos, en vez de poner la responsabilidad de propagar su mensaje en humanos falibles? No es razonable torturar por la eternidad a alguien solo por fallar una tarea diseñada para ser casi imposible de cumplir.
Imagine por un segundo otro universo creado por un dios más razonable. El camino a este dios es espacioso, fácil de encontrar; si te desvías, hubieran señales que te ayudarían a encontrar el camino correcto; la mayoría serían salvados, no la minoría. Entendieran las reglas morales de este dios, mejorando la calidad de vida de la mayoría, sirviendo de confirmación que van por el buen camino. Casi nadie iría a la perdición, y los pocos que sí, lo harían por sus propias decisiones de ignorar todas las señales. No me sentiría culpable adorando a este dios por la eternidad. No dudaría constantemente si yo, o las personas que amo están por el camino correcto; este camino sería ancho, y perderse, difícil. El universo que creó el dios en el que creí toda mi vida, sonaba ridículo en comparación.
Empecé a estudiar sobre la Biblia de una manera más crítica, y siendo menos generoso al texto. Antes de que me diera cuenta, ya no podía creer en las historias de la biblia. Las historias que crecí memorizando y el mismo concepto de Dios se fueron desmoronando en par de meses frente a mis ojos sorprendidos. Fue un proceso lento, y doloroso; como si me hubiesen quitado el piso bajo mis pies.
Avanzaba con cautela, dudando mi camino. Dándome cuenta que ya no estaba en el sendero estrecho. Pasé toda mi vida tratando de buscar y andar por este sendero; el mismo sendero que toda mi familia, y mi iglesia escogieron, dudando, y juzgando el camino de aquellos que no iban con nosotros. Ahora yo era uno de los que se apartó del camino angosto, y no me sentía capaz de encontrar mi propio camino.
Pero poco a poco, con gran esfuerzo y con la ayuda de muchos, pude encontrar mi propio camino. Cuando sentía que estaba solo, las huellas de los que caminaron antes que mi sirvieron de guía e inspiración. Pero no camino solo, ya que muchos están pasando por el mismo sendero. Su compañía me da aliento, y confianza al caminar. Tal y como lo hemos hecho por milenios: Juntos, nos ayudamos a crear senderos, y ayudar a aquellos que se pierden. Ahora, adulto, y sin religión, leo el famoso poema de Antonio Machado con otros ojos:
“Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino
sino estelas en la mar.”
Aún en los momentos que nos sentimos solos, y perdidos, siempre hay una mano amiga dispuesta a ayudar. La humanidad cada día está más conectada que nunca; por tierra, agua, aire o incluso el vacío del espacio. Y así, continuaremos creando caminos; conectándonos entre nosotros, y al resto del universo.

